Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¿Asà que ese golfo de Fidias está totalmente cogido en las redes de la señora rubia? Con el tiempo que lleva, ¡cuántos filetes de buey habrá consumido! ¡Qué excelente y bondadosa naturaleza la suya! Te he visto censurar su lado flotante, prensible, maleable; pero hoy querrÃas que yo me pareciese a él, para ceder cuando me dices: «Quédate». Te asombras de que yo no haya tenido flaquezas; sÃ, las he tenido, las he tenido inmensas, contigo. Yo lo sé, porque las he sentido. En cuanto a esas partidas fijadas de antemano y en las que nunca he fallado, ¿no habrÃa podido —si no te hubiera considerado superior— lanzarte una mentira anodina como se hace en semejante caso, aparentar ceder, y conceder a ruego tuyo lo que ya habrÃa decidido de antemano? Pues no; a partir de la noche en que me besaste en la frente, me juré a mà mismo no mentirte nunca. Es el procedimiento más rudo, más brutal; ¿dirás, acaso, el menos tierno? Pero creo que obrar de otro modo serÃa despreciarte, envilecerte incluso. No estás hecha para que se te sirva con un amor falso y lleno de muecas. PreferirÃa rajarte la cara que burlarme de ti a tus espaldas.