Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¡Me da vueltas la cabeza de aburrimiento, de desánimo, de cansancio! He pasado cuatro horas sin poder hacer ni una frase. Hoy no he escrito ni una línea, o más bien, habré garabateado cien. ¡Qué trabajo atroz! ¡Qué fastidio! ¡Oh, el Arte, el Arte! ¿Qué es, pues, esta quimera rabiosa que nos muerde el corazón, y por qué? ¡Es una locura el tomarse tanto trabajo! ¡Ah, ya me acordaré de la Bovary!
Ahora siento como si tuviera hojas de cuchillo bajo las uñas, y tengo ganas de rechinar los dientes. ¡Qué estupidez! Conque a eso nos lleva este dulce pasatiempo de la literatura, esta nata batida. Choco con situaciones comunes y con un diálogo trivial. Escribir bien lo mediocre y hacer que conserve al mismo tiempo su aspecto, su corte, sus propias palabras, es verdaderamente diabólico, y veo desfilar ahora ante mí esas lindezas en perspectiva durante treinta páginas al menos. ¡Se paga caro el estilo! Recomienzo lo que hice la semana pasada. Dos o tres efectos. Bouilhet los consideró ayer fallidos, y con razón. Tengo que derribar casi todas mis frases.