Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet No has pensado, querida Musa, en la distancia y en el tiempo. En cuanto al viaje de Gisors, nos pasarÃamos el dÃa en tren y en diligencia. Cuando se deja el tren, hace falta una hora de Gaillon a Andelys, y desde luego al menos dos desde Andelys a Gisors, lo que suma: tres, más dos de tren, cinco. Otro tanto para volver: diez. Y eso para vernos dos horas. ¡No, no! Dentro de seis semanas, en Mantes, estaremos solos y por más tiempo (por tan poco, además, no quiero a los amigos), y no merece la pena verse para no tener más que la tristeza de despedirse.
Sé lo que me cuestan las interrupciones; ahora mi impotencia me viene de Trouville. Quince dÃas antes de ausentarme, me perturba. A toda costa tengo que calentarme, y esto ha de marchar… o reventaré. Estoy humillado, Dios, y humillado ante mà mismo por lo reacio de mi pluma. Hay que gobernarla como a los malos caballos que rehusan. Se les aprieta con todas las fuerzas, hasta casi asfixiarlos, y ceden.