Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Recibimos el viernes la noticia de que había muerto el tío Parain. Mi madre tenía que salir hacia Nogent, pero ha vuelto a congestionársele un poco el pecho. Hoy se ha puesto sanguijuelas. Sigo teniendo un fondo de inquietud por ese lado. Esta muerte la esperaba. Me causará más dolor después, me conozco. Las cosas tienen que incrustarse en mí. Sólo ha añadido algo a la prodigiosa irritabilidad que tengo ahora, y que haría bien en calmar, por lo demás, pues a veces me desborda. Pero la culpa es de ese jamelgo de Bovary. Este asunto burgués me asquea.
¡Otro más que se ha marchado! A ese pobre tío Parain lo veo ahora en su sudario como si tuviera el ataúd en que se pudre sobre mi mesa, ante mis ojos. La idea de los gusanos que le comen las mejillas no me abandona. Por lo demás, la última vez que lo dejé me despedí para la eternidad. Cuando llegué de Nogent a tu casa había estado solo todo el tiempo en el vagón, con un sol estupendo. Volvía a ver, de pasada, las aldeas que cruzábamos antaño en silla de posta, en vacaciones, todos en familia con los demás, muertos también. Las vides eran las mismas, y las casas blancas, la larga carretera polvorienta, con los olmos podados a los lados… […]