Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Adiós, mil besos en tu hermosa garganta, en esos pechos que ofreces a mis labios con una sonrisa tan dulce, cuando dices: «¿Te gusto? ¿Me quieres?». ¿Si me gustas? ¿Si te quiero? Un sordo que me viera escribirte lo sabría. No tendría más que mirar mi cuerpo. Adiós otra vez, mil cariños…
No temas, querida mía; he recibido tu carta, en la que me hablas de tu sangre, que ha de volver el día 10.
[Croisset] Domingo, dos de la tarde [30 de agosto de 1846].
¡Qué ira, Dios mío! ¡Qué acritud, picante y salada! Pero ¿qué significa esto? ¿Te gustan las riñas, las recriminaciones y todos esos amargos forcejeos diarios que terminan por convertir la vida en un auténtico infierno? No entiendo nada; te quejas de mis durezas; pero me parece que nunca te he enviado una como las tuyas. Quizá te las haya enviado más fuertes, dirás. A cada uno su idea.