Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Ahora estoy en lecturas muy diversas. Primero, disfruto con Pétrus Borel, que es enorrrrme; ¡reencuentro en él mis viejos frenesíes de juventud! Valía más que la moneda corriente de hoy. Se había subido a tal tono, que a veces se encontraba una palabra ingeniosa, una expresión buena. Por lo demás, habría una buena lección que dar sobre ese desdichado libro. ¡Cómo apuntaba ya el socialismo! ¡Qué falsa y aburrida se vuelve toda obra de imaginación con la preocupación de la moral, etc.! Me oriento mucho hacia la crítica. La novela que estoy escribiendo me aguza esa facultad, pues es sobre todo una obra de crítica, o más bien de anatomía. El lector no advertirá, espero, todo el trabajo psicológico oculto bajo la forma, pero sentirá su efecto. Y por otra parte me veo arrastrado a escribir grandes cosas suntuosas, batallas, asedios, descripciones del antiguo Oriente fabuloso. El jueves por la tarde pasé dos horas magníficas, con la cabeza entre las manos, pensando en las murallas abigarradas de Ecbatana. No se ha escrito nada sobre todo eso. ¡Cuántas cosas flotan aún en los limbos del pensamiento humano! No son los asuntos los que faltan, sino los hombres.