Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Recibirás broncas gratuitas; te dirán groserÃas, cosas personales (si La sirvienta fuera una obra maestra, ¡ah, muy bien!, pero le falta mucho), y te verás en desventaja, pues atacas a uno más fuerte que tú. Aunque no contestase nada, tendrá a su favor, con él, a todas las mujeres del teatro a las que insultas groseramente, y a los amantes de esas señoras, que poseen los periódicos.
¿Y si por casualidad contestase? ¿Si despertara? ¿Si compusiera nada más que una canción, que te cubriera de ridÃculo? ¡Recuerda la desdichada historia del cuchillo, y cuánto te perjudicó! ¡Tengo que decirte todas estas cosas, aunque a estas horas deberÃa sonrojarme! Pero no sacas provecho de nada; tomas el mundo a contrapelo y confundes perennemente la vida y el arte, tus pasiones y tu imaginación, que perjudican a una y otro.
Ten por seguro que lo que pienso, otros lo piensan y no se atreven a decÃrtelo.
Ruega a Babinet o a De Lisie, o mejor a ambos, que lean en su casa tu poema (si quieres, no les des mi comentario) y que te digan luego con toda franqueza y por su honor lo que piensan al respecto, desde el punto de vista de la decencia y de la ejecución. Hazlo sinceramente, sin solicitar elogios: verás lo que contestan, y cómo me agradecerán luego el haberte dado este consejo.
Esto es lo que yo harÃa en tu lugar.