Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet No me hablas, en tu notita de esta mañana, querida Louise, de la decisión que has tomado en lo relativo a La sirvienta. Y yo aguardaba tu respuesta con ansiedad. La razón es ésta: aunque lo pensé bien antes de enviarte una carta tan dura, luego volví a reflexionar, y casi vacilé antes de mandártela. Me preguntaba: «¿Me habré equivocado? ¡Es posible!». Sin embargo, no, no. Creo que mis notas y mi carta fueron dictadas por el sentido común más vulgar que jamás haya ordenado palabras. Y a riesgo de herirte (había motivos), creí cumplir con mi deber de todas maneras, notificándote estas cosas. Si tu opinión difiere de la mía, no necesitamos volver sobre ello, pues no nos convenceremos. En el caso contrario, no podré sino admirar tu sacrificio. Pero querría que comprendieses bien mis razones. Creo que son buenas. En todo caso, si te queda alguna duda, de un modo u otro, no te remitas a ti misma, ni a mí, ni a Bouilhet. Consulta a Leconte, a Babinet, a Antony Deschamps, y expónles tus motivos.