Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Yo derribaría, pues, esa idea de una moda general. Me empeñaría en los sombreros de copa altísima, en las batas con palmas, en los gorros griegos con flores. Asustaría al burgués y a la burguesía. Hay que hacer que pase la moda de los corsés, que son una cosa repulsiva, de una lubricidad indignante y de una incomodidad excesiva, en ciertos momentos. ¡A veces he sufrido mucho por ellos! Sí, he sufrido mucho por esas naderías, de las que un hombre no debe hablar (eso se sale del tipo viril al que hay que acomodarse, so pena de pasar por eunuco). Así, hay mobiliarios, trajes, colores de levitas, perfiles de sillas, orlas de cortinas que me hacen daño de verdad. Jamás he visto, en un teatro, los peinados de mujeres que dicen arregladas, sin tener ganas de vomitar, debido a toda la cola de pescado que pega sus bandos, etc.; y la visión de los actores, que llevan con todo (aunque representen Guillermo Tell) guantes Jouvin, basta para hacer que odie la ópera. ¡Qué imbéciles! Y la expresión de la mano, ¿en qué queda, con su guante? ¡Imaginaos a una estatua enguantada! En las Formas todo debe hablar, y hay que ver siempre lo más posible del alma. Ya hemos charlado de trapos, ¿verdad?