Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet No sé si todo esto es legible; escribo demasiado aprisa.
Adiós, amor querido. No hay forma de darte la menor sorpresa. Quería regalarte un cinturón turco, y lo pides antes de que yo lo reciba. ¿Cómo podías imaginar que no se me había ocurrido? Mil besos. Gracias por los autógrafos. No es que sea coleccionista, pero todo lo que te concierne me interesa.
[Croisset] Domingo, diez de la noche [20 de septiembre de 1846].
Ayer me acosté tarde. Me han despertado trayéndome tu carta. La he leído aún medio dormido y con los ojos hinchados. Ha llegado como uno de esos buenos besos con que las madres despiertan a sus hijos, caricia mañanera que bendice todo el día. ¡Me gustan tanto tus cartas, son tan perfectamente tú, emanan tan bien de tu pobre corazón! Son como tu rostro, a veces ardientes, a veces tristes, soñadoras, y siempre amorosas y dulces. Entre las líneas, me parece que te veo sonriéndome. Cuando mis ojos se detienen al pie de las páginas, veo tu larga mirada tierna que viene hacia mí.