Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Aquà todo va mal, mi sobrina está enferma, vomita, como su abuelo y como su madre; quizá siga el mismo camino que ellos; ya lo espero. Creo que esta niña no llegará a vieja; se vio rodeada, en la cuna, por demasiadas lágrimas y demasiados besos desesperados. Trae mala suerte a las personas, el que las quieran en exceso. Bueno, ¡que haga Dios lo que quiera! Si debe ser, será. El dÃa en que cayó enfermo mi padre, vi tres entierros seguidos. Ya han pasado dos; en un tiempo más o menos lejano habrá otro, y éste, asà lo deseo, es el de mi madre. Lo bueno es que se lo he dicho. Me ha comprendido y me ha expresado su agradecimiento por este deseo homicida. Estamos muy preocupados, ella y yo, y no se lo decimos a nadie, por el estado de mi cuñado. La tristeza ha destrozado tanto a ese pobre chico, que creemos que está perturbado. Su cabeza no aguantará. Todo esto acabará también bastante mal.
¿Qué me decÃas en tu carta de ayer? ¡Más reproches! ¿Por qué no quieres venir? ¡Siempre igual! Todo el mundo tira de mÃ, todo el mundo me agobia, a mà que no agobio a nadie. Apenas si puedo encontrar mi personalidad, en el caos de dolores contrarios que me asedian.