La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio APOLONIO.—Conocerás a los demonios que viven en las cavernas, a los que hablan en los bosques, a los que mueven las olas, a los que empujan las nubes.
DAMIS.—¡Apriétate el cinto!, ¡átate las sandalias!
APOLONIO.—Te explicaré la razón de las formas divinas, por qué Apolo está de pie, Júpiter sentado, Venus es negra en Corinto[154], cuadrada en Atenas, cónica en Pafos.
ANTONIO.—(juntando las manos): ¡Que se vayan!, ¡que se vayan!
APOLONIO.—¡Arrancaré ante ti las armaduras de los dioses, forzaremos los santuarios, te haré violar a la Pitia!
ANTONIO.—¡Socorro, Señor!
(Se precipita hacia la cruz).
APOLONIO.—¿Cuál es tu deseo?, ¿tu sueño? El tiempo solamente de pensarlo…
ANTONIO.—¡Jesús, Jesús, ayúdame!
APOLONIO.—¿Quieres que haga aparecer a Jesús?
ANTONIO.—¿Qué? ¿Cómo?
APOLONIO.—¡Será Él!, ¡ningún otro! ¡Arrojará su corona, y charlaremos frente a frente!
DAMIS.—(en voz baja): ¡Di que sÃ! ¡Di que sÃ!