La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio (ANTONIO, al pie de la cruz, murmura algunas oraciones. DAMIS da vueltas a su alrededor, con gestos embaucadores).
Buen ermitaño, ¡querido san Antonio!, ¡hombre puro, hombre ilustre!, ¡hombre al que no sabrÃa alabar bastante! No te asustes; es una forma exagerada de hablar, tomada de los orientales. Lo que no impide en absoluto…
APOLONIO.—¡Déjale, Damis!
Él cree, como un bruto, en la realidad de las cosas. El terror que tiene a los dioses le impide comprenderles; ¡y rebaja al suyo al nivel de un rey celoso!
¡Tú, hijo mÃo, no me abandones!
(Retrocede de espaldas hasta el borde del acantilado, sigue andando, y queda suspendido).
¡Por encima de todas las formas, más allá de la tierra, más allá de los cielos, reside el mundo de las Ideas, todo lleno del Verbo! ¡De un salto, cruzaremos el espacio; y poseerás en su infinidad al Eterno, al Absoluto, al Ser! ¡Vamos!, ¡dame la mano! ¡En marcha!
(Ambos, uno al lado del otro, se elevan en el aire, suavemente.
ANTONIO, abrazando la cruz, les ve subir. Desaparecen).