La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio ANTONIO.—¡La variedad de las causas es la voluntad de Dios!
EL DIABLO.—¡Pero admitir en Dios varios actos de voluntad, es admitir varias causas y destruir su unidad! Su voluntad no es separable de su esencia.
No ha podido tener otra voluntad, no pudiendo tener otra esencia; y puesto que existe eternamente, actúa eternamente.
¡Contempla el sol! De él se escapan altas llamas que lanzan chispas, que se dispersan para convertirse en mundos; y más lejos que la última, más allá de esas profundidades donde tú sólo distingues la noche, otros soles giran, tras ellos otros, y otros más, indefinidamente…
ANTONIO.—¡Basta!, ¡basta! ¡Tengo miedo!, voy a caer al abismo.
EL DIABLO.—(se detiene; y balanceándole blandamente):
¡La nada no existe!, ¡el vacÃo no existe! Por todas partes hay cuerpos que se mueven en el fondo inmutable del Espacio, y como si estuviera rodeado por algo no serÃa el espacio sino un cuerpo, ¡no tiene lÃmites!
ANTONIO.—(con la boca abierta):
¡No tiene lÃmites!