La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio LA VIEJA.—¡Hacer algo que te iguale a Dios, piénsalo! Él te ha creado, tú vas a destruir su obra, tú, por tu arrogancia, libremente. El gozo de Erostrato no era superior. Y además, tu cuerpo se ha burlado lo bastante de tu alma como para que le vengues al final. No sufrirás. ¡Todo terminará en seguida! ¿Qué temes?, ¡un enorme agujero negro! ¿Está vacÃo, quizá?
(ANTONIO escucha sin responder; y por el otro lado aparece):
OTRA MUJER.—(maravillosamente joven y bella. Al principio la toma por Amonaria.Pero es más alta, rubia como la miel, muy gruesa, con colorete en las mejillas y rosas en la cabeza. Su largo vestido está cubierto de lentejuelas con reflejos metálicos; sus labios carnosos parecen sanguinolentos, y sus párpados un poco pesados son tan inexpresivos que se dirÃa que es ciega.Murmura): ¡Vive, goza! ¡Salomón recomienda la dicha! ¡Camina por donde tu corazón te lleve y según el deseo de tus ojos!
ANTONIO.—¿Qué felicidad puedo encontrar?, ¡mi corazón está cansado, mis ojos enturbiados!