La tentacion de San Antonio

La tentacion de San Antonio

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¿Estoy maldito? ¡No!, ¡es culpa mía! ¡Caigo en todas las trampas! No quiero volver a ser ni un imbécil ni un infame. ¡Me gustaría golpearme, o más bien arrancarme de mi cuerpo! ¡Hace tanto tiempo que me contengo! ¡Necesito vengarme, azotar, matar!, es como si tuviera en el alma una manada de bestias feroces. Quisiera, a hachazos, en medio de una muchedumbre… ¡Ah!, ¡un puñal!…

(Al descubrir su cuchillo, se lanza sobre él. El cuchillo se le escurre de la mano y ANTONIO se queda apoyado contra la pared de su cabaña, con la boca abierta, inmóvil, cataléptico.

Todo lo que le rodeaba ha desaparecido.

Se cree en Alejandría, sobre el Paneum, montaña artificial rodeada por una escalera de caracol y alzada en el centro de la ciudad.

Frente a él se extiende el lago Mareotis[24], a la derecha el mar, a la izquierda el campo, e inmediatamente bajo sus ojos, una confusión de tejados lisos, atravesada de sur a norte y de este a oeste por dos calles que se entrecruzan y forman, en toda su longitud, una hilera de pórticos con capiteles corintios. Las casas, inclinadas sobre la doble columnata, tienen ventanas con cristales de colores. Algunas tienen en el exterior enormes cáveas de madera, por donde entra el aire de fuera.


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