La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio ¡Y tengo muchas cosas más! Tengo tesoros encerrados en galerÃas donde es tan fácil perderse como en un bosque. Tengo palacios de verano con enrejados de caña, y palacios de invierno de mármol negro. En el centro de lagos inmensos como mares, tengo islas redondas como monedas de plata, todas cubiertas de nácar, y en cuyas riberas nace como una música, con el batir de las olas tibias que se rompen en la arena. Los esclavos de mis cocinas cogen los pájaros en mis pajareras, y pescan los peces en mis viveros. Tengo cinceladores continuamente dedicados a grabar mi retrato en piedras duras, fundidores anhelantes que cuelan el metal de mis estatuas, perfumistas que mezclan con vinagre el jugo de las plantas y baten la masa. Tengo costureras que cortan mis telas, orfebres que trabajan mis joyas, peinadoras que me cambian de peinado, y pintores atentos, que vierten en los frisos resinas hirviendo, que luego enfrÃan con abanicos. Tengo doncellas como para formar un harén, eunucos como para formar un ejército. ¡Tengo ejércitos, tengo pueblos! Tengo en mi vestÃbulo una guardia de enanos que llevan a la espalda trompetas de marfil.
(ANTONIO suspira).