La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio Tengo tiros de gacelas, cuadrigas de elefantes, reatas de camellos por centenares, y yeguas con crines tan largas que se las pisan cuando galopan, y rebaños de cabras con cuernos tan grandes que abaten los bosques cuando pastan. Tengo jirafas que pasean por mis jardines, y cuya cabeza avanza hacia el borde de mi tejado, cuando tomo el aire después de cenar.
Sentada en una concha, y arrastrada por los delfines, me paseo por las grutas, escuchando cómo cae el agua de las estalactitas. Voy al país de los diamantes, donde mis amigos los magos me dejan escoger los más bellos; luego subo otra vez a tierra, y vuelvo a casa.
(Ella lanza un silbido agudo; y un gran pájaro, que desciende del cielo, se coloca en lo alto de sus cabellos, en los que deja caer polvo azul.
Su plumaje, de color naranja, parece de escamas metálicas. Su cabeza pequeña, provista de una cresta de plata, representa una cara humana. Tiene cuatro alas, patas de buitre, y una inmensa cola de pavo real, que despliega tras él.
Agarra con su pico el parasol de la Reina, vacila un poco antes de cobrar su aplomo, luego eriza todas sus plumas, y permanece inmóvil). ¡Gracias, bello Simorganka[39]!, ¡tú me enseñaste dónde se escondía el amado! ¡Gracias!, ¡gracias!, ¡mensajero de mi corazón!