La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio HILARIÓN.—¿No negarás que quiso corromper a Eustato[43], el tesorero de larguezas?
ANTONIO.—Eso afirman; es cierto.
HILARIÓN.—¡Quemó, por venganza, la casa de Arsenio[44]!
ANTONIO.—¡Ay de mÃ!
HILARIÓN.—En el Concilio de Nicea, dijo hablando de Jesús: «El hombre del Señor».
ANTONIO.—¡Ah!, ¡eso es una blasfemia!
HILARIÓN.—Tiene una inteligencia tan limitada que confiesa, además, no comprender nada de la naturaleza del Verbo.
ANTONIO.—(Sonriendo de placer). En efecto, no tiene una inteligencia muy… elevada.
HILARIÓN.—Si te hubieran puesto en su lugar, hubiera sido una gran alegrÃa tanto para tus hermanos como para ti. Esta vida alejada de los demás no es buena.
ANTONIO.—¡Al contrario! El hombre, que es espÃritu, debe retirarse de las cosas mortales. Cualquier acción le degrada. ¡No quisiera pisar la tierra, ni siquiera con la planta de los pies!