La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio (Ha sacado un cálamo de la cintura; y, en el suelo, con las piernas cruzadas, con su rollo de papiro en la mano, levanta la cabeza hacia SAN ANTONIO, que, sentado junto a él, permanece con la frente inclinada.
Tras un momento de silencio, HILARIÓN sigue hablando):
La palabra de Dios, ¿no es cierto?, nos es confirmada a través de los milagros. Sin embargo, los hechiceros del Faraón los hacen; otros impostores pueden también hacerlos; nos engañamos. ¿Qué es entonces un milagro? Un acontecimiento que nos parece fuera de la naturaleza. ¿Pero conocemos toda su fuerza? Y una cosa que ordinariamente no nos extraña, ¿quiere decir que la comprendemos?
ANTONIO.—¡No importa!, ¡hay que creer en la Escritura!
HILARIÓN.—San Pablo, OrÃgenes[52] y muchos otros no la entendÃan literalmente; pero si se explica por medio de alegorÃas, se convierte en provecho de unos pocos y la evidencia de la verdad desaparece. ¿Qué hacer?
ANTONIO.—¡Remitirse a la Iglesia!
HILARIÓN.—¿Entonces la Escritura es inútil?
ANTONIO.—¡En absoluto!, aunque el Antiguo Testamento, lo reconozco, tenga… ciertas oscuridades… El Nuevo resplandece con una luz pura.