La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio HILARIÓN.—¿Por qué recibió al EspÃritu Santo siendo el Hijo? ¡Qué necesidad tenÃa de bautismo, si era el Verbo? ¿Cómo podÃa tentarle el Diablo a él, que era Dios?
¿Es que nunca has tenido estos pensamientos?
ANTONIO.—¡SÃ!…, ¡a menudo! Adormecidos o vehementes, siempre están en mi conciencia. Los destruyo, renacen, me ahogan; y a veces creo que estoy maldito.
HILARIÓN.—¿Entonces te basta con servir a Dios?
ANTONIO.—¡Siempre necesito adorarle!
(Después de un largo silencio).
HILARIÓN.—(continúa): Pero fuera del dogma, toda libertad de búsqueda nos está permitida. ¿Deseas conocer la jerarquÃa de los ángeles, la virtud de los Números, la razón de los gérmenes y de las metamorfosis?
ANTONIO.—¡SÃ!, ¡sÃ!, mi pensamiento se debate por salir de su prisión. Me parece que si reúno fuerzas lo conseguiré. Algunas veces, mientras dura un relámpago, me encuentro como suspendido; ¡luego vuelvo a caer!