Madame Bovary
Madame Bovary En efecto, León vivía en casa del farmacéutico, donde tenía una pequeña habitación en el segundo piso, sobre la plaza. Se ruborizó ante el elogio de su casero, quien ya se había vuelto hacia el médico y le estaba enumerando uno detrás de otro los principales habitantes de Yonville. Contaba anécdotas, daba información; no se conocía con exactitud la fortuna del notario y «estaba también la casa Tuvache» que eran muy pedantes.
Emma replicó:
—¿Y qué música prefiere usted?
—¡Oh!, la música alemana, la que invita a soñar.
—¿Conoce usted a los italianos?
—Todavía no; pero los veré el año próximo, cuando vaya a vivir a París para acabar mi carrera de Derecho.