Madame Bovary
Madame Bovary Sin embargo, como Carlos en todas las comidas hablaba del chiquillo, pronto ella acabó por pensar en él de una manera más constante.
Ella deseaba un hijo; serÃa fuerte y moreno, le llamarÃa Jorge; y esta idea de tener un hijo varón era como la revancha esperada de todas sus impotencias pasadas. Un hombre, al menos, es libre; puede recorrer las pasiones y los paÃses, atravesar los obstáculos, gustar los placeres más lejanos. Pero a una mujer esto le está continuamente vedado. Fuerte y flexible a la vez, tiene en contra de sà las molicies de la carne con las dependencias de la ley. Su voluntad, como el velo de su sombrero sujeto por un cordón, palpita a todos los vientos; siempre hay algún deseo que arrastra, pero alguna conveniencia social que retiene.
Dio a luz un domingo, hacia las seis, al salir el sol.
—¡Es una niña! —dijo Carlos.
Emma volvió la cabeza y se desmayó.
Casi al instante, la señora Homais acudió a besarla, asà como la señora Lefrançois del « Lion d'Or». El farmacéutico, como hombre discreto, se limitó a dirigirle algunas felicitaciones provisionales por la puerta entreabierta. Quiso ver a la niña, y la encontró bien conformada.