Madame Bovary

Madame Bovary

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Bueno, yo tampoco —replicó el eclesiástico—. Estos primeros calores, ¿verdad?, le dejan a uno aplanado de una manera extraña. ¿En fin, qué quiere usted? Hemos nacido para sufrir, como dice San Pablo. Pero, ¿qué piensa de esto el señor Bovary?

—¡El! —exclamó Emma con un gesto de desdén.

—¡Cómo! —replicó el buen hombre muy extrañado—, ¿no le receta algo?

—¡Ah!, no son las medicinas de la tierra lo que necesitaría.

Pero el cura, de vez en cuando, echaba una ojeada a la iglesia donde todos los chiquillos arrodillados se empujaban con el hombro y caían como castillos de naipes.

—Quisiera saber… —continuó Emma.

—¡Aguarda, aguarda, Riboudet —gritó el eclesiástico con voz enfadada—, te voy a calentar las orejas, tunante!

Después, volviéndose a Emma:

—Es el hijo de Boudet, el encofrador; sus padres son acomodados y le consienten hacer sus caprichos. Sin embargo, aprendería pronto si quisiera, porque es muy inteligente. Y yo a veces, de broma, le llamo Riboudet, como la cuesta que se toma para ir a Maromme, a incluso le digo: mont Riboudet. ¡Ah! ¡Ah! ¡Mont Riboudet! El otro día le conté esto a monseñor, y se rió… se dignó reírse. Y el señor Bovary, ¿cómo está?

Ella parecía no oír. El cura continuó:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker