Madame Bovary
Madame Bovary Madame Bovary suspiró.
—Ya lo creo —dijo el farmacéutico, chasqueando la lengua, los platos finos en los restaurantes, los bailes de máscaras, el champán, todo eso va a rodar, se lo aseguro.
—No creo que se eche a perder —objetó Bovary.
—¡Ni yo! —replicó vivamente el señor Homais—, aunque tendrá, no obstante, que alternar con los demás, si no quiere pasar por un jesuita; y no sabe usted la vida que llevan aquellos juerguistas en el barrio latino con las actrices. Por lo demás, los estudiantes están muy bien vistos en París. Por poco simpáticos que sean, los reciben en los círculos a incluso hay señoras del Faubourg Saint Germain que se enamoran de ellos, lo cual les proporciona luego ocasiones de hacer muy buenas bodas.
—Pero —dijo el médico, temo que él… allá…