Madame Bovary
Madame Bovary «¿Y para qué hablarles aquí a ustedes de la utilidad de la agricultura? ¿Quién subviene a nuestras necesidades?, ¿quién provee a nuestra subsistencia? ¿No es el agricultor? El agricultor, señores, quien sembrando con mano laboriosa los surcos fecundos de nuestros campos hace nacer el trigo, el cual, triturado, es transformado en polvo por medio de ingeniosos aparatos, de donde sale con el nombre de harina, y transportado de allí a las ciudades llega a manos del panadero que hace con ella un alimento tanto para el pobre como para el rico. ¿No es también el agricultor quién, para vestirnos, engorda sus numerosos rebaños en los pastos? ¿Y cómo nos vestiríamos, cómo nos alimentaríamos sin el agricultor? Pero, señores, ¿hay necesidad de ir a buscar ejemplos tan lejos? ¿Quién no ha pensado muchas veces en todo el provecho que se obtiene de ese modesto animal, adorno de nuestros corrales, que proporciona a la vez una almohada blanda para nuestras camas, su carne suculenta para nuestras mesas, y huevos? Pero no terminaría, si tuviera que enumerar unos detrás de otros los diferentes productos que la tierra bien cultivada, como una madre generosa, prodiga a sus hijos. Aquí, es la viña; en otro lugar, son las manzanas de sidra; allá, la colza; más lejos, los quesos; y el lino; ¡señores, no olvidemos el lino!, que ha alcanzado estos últimos años un crecimiento considerable y sobre el cual llamaré particularmente la atención de ustedes».