Madame Bovary
Madame Bovary Yo estoy bien, salvo un catarro que atrapé el otro día en la feria de Yvetot, adonde había ido para apalabrar a un pastor, pues despedí al mío porque era de boca muy fina. ¡Cuánto nos hacen sufrir todos estos bandidos! Además, no era honrado.
He sabido por un vendedor ambulante que, viajando este invierno por vuestra tierra, tuvo que sacarse una muela, que Bovary seguía trabajando mucho. No me extrañó, y me enseñó su muela; tomamos café juntos. Le pregunté si te había visto, me dijo que no, pero que había visto en la caballeriza dos animales, de donde deduzco que la cosa marcha bien. Mejor, queridos hijos, y que Dios os conceda toda la felicidad imaginable.
Siento mucho no conocer todavía a mi querida nietecita Berta Bovary. He plantado para ella, en la huerta, debajo de tu cuarto, un ciruelo de ciruelas de cascabelillo, y no quiero que lo toquen si no es para hacerle después compotas, que guardaré en el armario para cuando ella venga.
Adiós, queridos hijos. Un beso para ti, hija mía; otro para usted, mi yerno, y para la niña en las dos mejillas:
Con muchos recuerdos, vuestro amante padre.
Teodoro Rouault.