Madame Bovary
Madame Bovary Por la noche, Rodolfo la encontró más seria que de costumbre.
—Ya le pasará —pensó él—, es un capricho.
Y faltó consecutivamente a tres citas.
Cuando volvió, ella se mostró frÃa y casi desdeñosa.
—¡Ah!, ¡pierdes el tiempo, rica!
Y fingió no notar sus suspiros melancólicos, ni el pañuelo que sacaba.
Fue entonces cuando Emma se arrepintió.
Incluso se preguntó por qué detestaba a Carlos, y si no hubiera sido mejor poder amarle. Pero él no daba mucho pie a estos renuevos sentimentales, de modo que ella no acababa de decidirse por hacer un sacrificio, cuando el boticario vino muy a punto a proporcionarle una ocasión.