Madame Bovary

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Mientras que estudiaba los equinos, los varus, los valgus, es decir la estrefocatopodia, la estrefendopodia, la estrefexopodia y la estrefanopodia (o, para hablar claro, las diferentes desviaciones del pie, ya por debajo, por dentro o por fuera) con la estrefipopodia y la estrefanopodia (dicho de otro modo, torsión por encima y enderezamiento hacia arriba), el señor Homais, con toda clase de razonamientos, animaba al mozo de la posada a operarse.

—Apenas sentirás, si acaso, un ligero dolor; es un simple pinchazo como una pequeña sangría, menos que la extirpación de algunos callos.

Hipólito, reflexionando, hacía un gesto de estupidez.

—Por lo demás —continuaba el farmacéutico—, ¿a mí qué me importa?, ¡es por ti!, ¡por pura humanidad! Quisiera verte, amigo mío, liberado de tu horrible cojera, con ese balanceo de la región lumbar, que, por mucho que digas, tiene que perjudicarte considerablemente en el ejercicio de tu oficio.

Entonces, Homais le hacía ver cómo se encontraría después mejor mozo, y más ligero de piernas, a incluso llegó a darle a entender que se encontraría mejor para gustar a las mujeres, y el mozo de cuadra empezaba a reír torpemente. Después le atacaba por el lado de la vanidad:


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