Madame Bovary
Madame Bovary Ni Ambrosio Paré[44] aplicando por primera vez desde Celso[45], con quince siglos de intervalo, la ligadura inmediata de una arteria; ni Dupuytren[46] cuando hizo la primera ablación de maxilar superior tenían, de seguro, el corazón tan palpitante, la mano tan temblorosa, ni la mente en tanta tensión como el señor Bovary cuando se acercó a Hipólito, con su tenótomo entre los dedos, y, como en los hospitales, se veían al lado, sobre una mesa, un montón de hilas, hilos encerados, muchas vendas, una pirámide de vendas, todas las vendas que había en la botica. Era el señor Homais quien había organizado desde la mañana todos estos preparativos, tanto para deslumbrar a la muchedumbre como para ilusionarse a sí mismo. Carlos pinchó la piel; se oyó un crujido seco. El tendón estaba cortado, la operación había terminado. Hipólito no volvía de su asombro; se inclinaba sobre las manos de Bovary para cubrirlas de besos.
—¡Vamos, cálmate —decía el boticario—, ya demostrarás después tu reconocimiento a tu bienhechor!