Madame Bovary
Madame Bovary Lo cual no impidió que, cinco dÃas después, la tÃa Lefrançois llegase toda asustada gritando:
—¡Socorro! ¡Se muere! ¡Me voy a volver loca!
Carlos se precipitó al «Lion d'Or», y el farmacéutico que le vio pasar por la plaza, sin sombrero, abandonó la farmacia. Él mismo se presentó allÃ, jadeante, rojo, preocupado, y preguntando a todos los que subÃan la escalera:
—¿Qué le pasa a nuestro interesante estrefópodo?
El estrefópodo se retorcÃa con atroces convulsiones, de tal modo que el motor mecánico en que estaba encerrada su pierna golpeaba contra la pared hasta hundirla.