Madame Bovary
Madame Bovary —¡Bah! —interrumpió Canivet—, usted me parece, por el contrario, propenso a la apoplejÃa. Y, además, no me extraña, porque ustedes, los señores farmacéuticos, están continuamente metidos en sus cocinas, lo cual debe de terminar alterando su temperamento. MÃreme a mÃ, por ejemplo: todos los dÃas me levanto a las cuatro, me afeito con agua frÃa, nunca tengo frÃo, y no llevo ropa de franela, no pesco ningún catarro, la caja es resistente. Vivo a veces de una manera, otras de otra, como filósofo, a lo que salga. Por eso no soy tan delicado como usted, y me da exactamente lo mismo descuartizar a un cristiano que la primer ave que se presente. A eso, dirá usted, ¡la costumbre!…, ¡la costumbre!…