Madame Bovary

Madame Bovary

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Al día siguiente, cuando se levantó, alrededor de las dos (se había quedado dormido muy tarde), Rodolfo fue a recoger una cestilla de albaricoques, puso la carta en el fondo debajo de hojas de parra, y ordenó enseguida a Girard, su gañán, que la llevase delicadamente.

Se servía de este medio para corresponder con ella, enviándole, según la temporada, fruta o caza.

—Si le pide noticias mías —le dijo—, contestarás que he salido de viaje. Hay que entregarle el cestillo a ella misma, en sus propias manos… ¡Vete con cuidado!

Girard se puso su blusa nueva, ató su pañuelo alrededor de los albaricoques, y caminando a grandes pasos con sus grandes zuecos herrados, tomó tranquilamente el camino de Yonville.

Madame Bovary, cuando él llegó a casa, estaba preparando con Felicidad, en la mesa de la cocina, un paquete de ropa.

—Aquí tiene —dijo el gañán— lo que le manda nuestro amo.


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