Madame Bovary
Madame Bovary Y empujándola suavemente para hacerle entrar bajo el cenador:
—Siéntate en ese banco, ahà estarás bien.
—¡Oh, no, ahà no! —dijo ella con una voz desfallecida. Tuvo un mareo, y a partir del anochecer volvió a enfermar, con unos sÃntomas más indefinidos ciertamente, y con caracteres más complejos. Ya le dolÃa el corazón, ya el pecho, la cabeza, las extremidades; le sobrevinieron vómitos en que Carlos creyó ver los primeros sÃntomas de un cáncer.
Y, por si fuera poco, Bovary tenÃa apuros de dinero.