Madame Bovary
Madame Bovary En primer lugar, no sabía cómo hacer para resarcir al señor Homais de todos los medicamentos que habían venido de su casa; y aunque hubiera podido, como médico, no pagarlos, se avergonzaba un poco de este favor. Por otro lado, el gasto de la casa, ahora que lo llevaba la cocinera, era espantoso; las cuentas llovían; los proveedores murmuraban; el señor Lheureux, sobre todo, le acosaba. En efecto, en lo más fuerte de la enfermedad de Emma, éste, aprovechándose de la circunstancia para exagerar su factura, había llevado rápidamente el abrigo, el bolso de viaje, dos baúles en vez de uno, y cantidad de cosas más. Por más que Carlos dijo que no los necesitaba, el comerciante respondió con arrogancia que no los volvía a tomar; además, esto sería contrariar a la señora en su convalecencia; el señor reflexionaría; en resumen, él estaba resuelto a demandarle antes que ceder de sus derechos y llevarse las mercancías. Carlos ordenó después, que las devolviesen a su tienda; Felicidad se olvidó; él tenía otras preocupaciones; no pensó más en ello; el señor Lheureux volvió a la carga, y, alternando amenazas con lamentaciones, maniobró de tal manera, que Bovary acabó por firmar un pagaré a seis meses de vencimiento.
