Madame Bovary
Madame Bovary Pero apenas hubo firmado aquél pagaré, se le ocurrió una idea audaz: la de pedir prestados mil francos al señor Lheureux. Así pues, preguntó, en un tono un poco molesto, si no había medio de conseguirlos, añadiendo que sería por un año y al interés que le pidieran. Lheureux corrió a su tienda, trajo los escudos y dictó otro pagaré, por el cual Bovary declaraba que pagaría a su orden, el primero de septiembre próximo la cantidad de mil setenta francos; lo cual, con los ciento ochenta ya estipulados, sumaban mil doscientos cincuenta. De esta manera, prestando al seis por ciento, a lo que se sumaba un cuarto de comisión más un tercio por lo menos que le producirían las mercancías, aquella operación debía, en doce meses, dar treinta francos de beneficio; y él esperaba que el negocio no acabaría ahí, que no podrían saldar los pagarés, que los renovarían, y que su pobre dinero, alimentado en casa del médico como en una Casa de Salud, volvería un día a la suya, mucho más rollizo, y grueso hasta hacer reventar la bolsa.