Madame Bovary
Madame Bovary Por otra parte, todo le salía bien. Era adjudicatario de un suministro de sidra para el hospital de Neufchâtel; el señor Guillaumin le prometía acciones en las turberas de Grumesnil, y soñaba con establecer un nuevo servicio de diligencias entre Argueil y Rouen, que no tardaría, sin duda, en arruinar el carricoche del «Lion d'Or», y que, al ser más rápida, más barata y llevando más equipajes, pondría en sus manos todo el comercio de Yonville.
Carlos se preguntó varias veces por qué medio, el año próximo, podría pagar tanto dinero; y buscaba, imaginaba expedientes, como el de recurrir a su padre o vender algo. Pero su progenitor haría oídos sordos, y él, por su parte, no tenía nada que vender. Cuando pensaba en tales problemas, alejaba enseguida de sí un tema de meditación tan desagradable. Se acusaba de olvidarse de Emma; como si perteneciendo todos sus pensamientos a su mujer, hubiese sido usurparle algo el no pensar continuamente en ella.