Madame Bovary
Madame Bovary —¡Esto es lo que se llama una agarrada! ¡Lo he arrollado, ya ha visto usted, de qué manera!… En fin, créame, lleve a su señora al espectáculo, aunque sólo sea para hacer rabiar una vez en la vida a uno de esos cuervos, ¡caramba! Si hubiera quien me sustituyera, yo mismo les acompañarÃa. ¡Dese prisa! Lagardy no hará más que una función, está contratado para Inglaterra con una suma considerable. Según dicen, es un pájaro de cuenta, ¡está bañado en oro!; ¡lleva consigo a tres queridas y a un cocinero! Todos estos grandes artistas tiran la casa por la ventana; necesitan llevar una vida desvergonzada que excite un poco la imaginación. Pero mueren en el hospital porque no tuvieron el sentido de ahorrar cuando eran jóvenes. Bueno, ¡que aproveche; hasta mañana!
Esta idea del espectáculo germinó pronto en la cabeza de Bovary, pues inmediatamente se lo comunicó a su mujer, quien al principio la rechazó alegando el cansancio, el trastorno, el gasto; pero, excepcionalmente, Carlos no cedió pensando en que esta diversión iba a serle tan provechosa.