Madame Bovary
Madame Bovary La conversación parecÃa terminada cuando el farmacéutico juzgó conveniente lanzar una nueva pulla.
—He conocido a sacerdotes que se vestÃan de paisano para ir a ver patalear a las bailarinas.
—¡Vamos! —dijo el cura.
—¡Ah!, ¡pues los he conocido!
Y separando las sÃlabas de su frase, Homais repitió:
—Los he co no ci do.
—¡Bueno!, iban por mal camino —dijo Bournisien resignado a oÃrlo todo.
—¡Caramba!, ¡y aun hacen muchos otros disparates! exclamó el boticario.
—¡Señor!… —replicó el eclesiástico con una mirada tan hosca, que el farmacéutico se sintió intimidado.
—Sólo quiero decir —replicó entonces en un tono menos brutal— que la tolerancia es el medio más seguro de atraer las almas a la religión.
—¡Es cierto!, ¡es cierto! —concedió el bueno del cura, sentándose de nuevo en su silla.
Pero no permaneció más que dos minutos. Después, cuando se marchó, el señor Homais le dijo al médico: