Madame Bovary

Madame Bovary

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Una mañana que acababa de salir, según su costumbre, bastante ligera de ropa, empezó a nevar de pronto; Carlos, que observaba el tiempo desde la ventana, vio al abate Bournisien que iba para Rouen en el cochecito del señor Tuvache. Entonces bajó para confiar al eclesiástico un grueso chal para que se lo entregara a Madame nada más llegar a la «Croix Rouge». Apenas llegó a la hospedería, Bournisien preguntó por la señora del médico de Yonville. La hostelera contestó que frecuentaba muy poco su establecimiento. Por eso, aquella misma noche, al encontrar a Madame Bovary en «La Golondrina», el cura le contó lo ocurrido, sin al parecer darle importancia, pues se puso a hacer el elogio de un predicador que por entonces hacía maravillas en la catedral y al que iban a oír todas las señoras.

Pero si el cura no había pedido explicaciones, otros podrían después mostrarse menos discretos. Por lo cual Emma creyó conveniente alojarse siempre en la «Croix Rouge», de modo que las buenas gentes de su pueblo que la veían en la escalera no pudieran sospechar nada.

Un día, sin embargo, el señor Lheureux la vio salir del «Hôtel de Boulogne» del brazo de León; y Emma tuvo miedo, pensando que el comerciante se iría de la lengua. No era tan tonto como para eso.

Pero tres días después entró en el cuarto de Emma, cerró la puerta y dijo:

—Necesito dinero.


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