Madame Bovary

Madame Bovary

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Emma desapareció y volvió enseguida tendiéndole majestuosamente una hoja grande de papel.

—Muchas gracias —dijo la vieja señora.

Y echó al fuego el poder.

Emma estalló en una risa estridente, estrepitosa, ininterrumpida; tenía un ataque de nervios.

—¡Ay, Dios mío! —exclamó Carlos—. ¡Tú tienes la culpa, vienes aquí a armar escándalo!

Su madre, encogiéndose de hombros, decía que « todo aquello no era más que teatro».

Pero Carlos, rebelándose por primera vez, salió en defensa de su mujer, de modo que la señora Bovary madre quiso marcharse. Al día siguiente se fue, y en el umbral de la puerta, como él tratase de retenerla, ella le replicó:

—¡No, no! La quieres más que a mí, y tienes razón, es como debe ser. Pero ¡peor para ti!, ¡ya lo verás! ¡Consérvate bien!…, pues no estoy dispuesta, como tú dices, a venir a armar escándalos.

No por eso Carlos dejó de quedar muy avergonzado frente a Emma, pues ella no ocultaba el rencor que le guardaba por su falta de confianza; él tuvo que rogarle mucho para que accediera a tener otro poder, a incluso la acompañó a casa del señor Guillaumin para extendérselo por segunda vez, completamente igual al primero.


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