Madame Bovary
Madame Bovary Por fin, a las once, no aguantando más, Carlos enganchó su caballo, saltó al pescante, fustigó al animal y hacia las dos de la mañana llegó a la «Croix Rouge». No había nadie. Pensó que el pasante quizá la habría visto; pero ¿dónde vivía? Afortunadamente, Carlos se acordó de las señas de su patrón. Y allá se fue.
Comenzaba a clarear el día. Distinguió unos rótulos por encima de una puerta; llamó. Alguien, sin abrirle, le dio a gritos la información que le pedía, mientras se deshacía en improperios contra los que molestaban a la gente durante la noche.
La casa donde vivía el pasante no tenía ni campanilla, ni aldabón, ni portero. Carlos dio fuertes puñetazos en los postigos. En aquel momento pasó por allí un policía; entonces Carlos tuvo miedo y se fue.
—Estoy loco —se decía—; sin duda la habrán invitado a cenar en casa del señor Lormeaux.
La familia Lormeaux ya no vivía en Rouen.
—Se habrá quedado a cuidar a la señora Dubreuil. ¡Pero si la señora Dubreuil murió hace diez meses!… ¿Dónde puede estar?
Se le ocurrió una idea. Entró en un café y pidió el Anuario; y buscó rápidamente el nombre de la señorita Lempereur, que vivía en la calle de la Renelle des Maroquiniers, número 74.