Madame Bovary
Madame Bovary Y un jueves, Emma se sorprendió al encontrar en la cocina del «Lion d'Or» al señor Homais vestido de viaje, es decir, con un viejo abrigo que no le habían visto nunca, llevando en una mano una maleta y en la otra el folgo de su establecimiento. No había confiado a nadie su proyecto por miedo a que el público se preocupase por su ausencia.
La idea de volver a ver los lugares donde había pasado su juventud le exaltaba sin duda, pues no paró de charlar en todo el viaje; luego, apenas llegaron, saltó con presteza del coche para ir en busca de León; y por más que el pasante se resistió, el señor Homais se lo llevó al gran café de «Normandie», donde entró majestuosamente sin quitarse el sombrero, creyendo que era muy provinciano descubrirse en un lugar público.
Emma esperó a León tres cuartos de hora. Por fin, corrió a su despacho, y, perdida en toda clase de conjeturas, acusándolo de indiferencia y reprochándose a sí misma su debilidad, se pasó la tarde con la frente pegada a la ventana.