Madame Bovary
Madame Bovary A dÃa siguiente, domingo, Emma fue a Rouen a visitar a todos los banqueros cuyo nombre conocÃa. Estaban en el campo o de viaje. No se desanimó; y a aquéllos que pudo encontrar les pedÃa dinero, asegurando que le hacÃa falta, que se lo devolverÃa. Algunos se le rieron en la cara, todos la rechazaron.
A las dos corrió a ver a León, llamó a su puerta. No abrieron. Por fin apareció.
—¿Qué te trae por aqu�
—¿Te molesta?
—No…, pero…
Y él le confesó que al propietario no le gustaba que se recibiese a «mujeres». Entonces cogió su llave. Emma lo detuvo.
—¡Oh!, no, allá, en nuestra Casa.
Y fueron a su habitación, en el «Hôtel de Boulogne».
Al llegar ella bebió un gran vaso de agua. Estaba muy pálida. Le dijo:
—León, me vas a hacer un favor.
Y sacudiéndolo por las dos manos, que le apretaba fuertemente, añadió:
—¡Escucha, necesito ocho mil francos!
—¡Pero tú estás loca!
—¡TodavÃa no!