Madame Bovary

Madame Bovary

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Por fin, llegó al foso delante de la verja; se rompió las uñas queriendo abrir deprisa. Después, cien pasos más adelante, sin aliento, a punto de caer, se paró. Y entonces, volviendo la vista, percibió otra vez el impasible castillo, con el parque, los jardines, los tres patios y todas las ventanas de la fachada.

Se quedó estupefacta, y sin más conciencia de sí misma que el latido de sus arterias; le parecía oír como una ensordecedora música que se le escapaba y llenaba los campos. El suelo se hundía bajo sus pies, y los surcos le parecieron inmensas olas oscuras que se estrellaban.

Todas las reminiscencias, todas las ideas que había en su cabeza se escapaban a la vez, de un solo impulso, como las mil piezas de un fuego de artificio. Vio a su padre, el despacho de Lheureux, la habitación de los dos, allá lejos, un paisaje diferente. Era presa de un ataque de locura, tuvo miedo y llegó a serenarse, aunque hay que decir de una manera confusa, porque no recordaba la causa de su horrible estado, es decir, el problema del dinero. No sufría más que por su amor, y sentía que su alma la abandonaba por este recuerdo, como los heridos que agonizan sienten que la vida se les va por la herida que les sangra.

Caía la noche, volaban las cornejas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker