La guerra de los judios Libros IV-VII

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Luchas civiles. Sufrimientos del pueblo

Los sediciosos de la ciudad estaban 21divididos en tres grupos: los hombres de Eleazar custodiaban las primicias sagradas[14] y embriagados se enfrentaban a Juan; por su parte, los que estaban con este último hacían saqueos entre la gente del pueblo y atacaban a Simón. Este individuo se servía de las provisiones 22de la ciudad en contra de las facciones enemigas. Juan, cuando era hostigado por unos y por otros, dirigía a sus hombres en las dos direcciones: desde los pórticos lanzaba flechas contra los que subían desde la ciudad y con máquinas repelía a los que les arrojaban jabalinas desde lo alto del 23Templo. Si en alguna ocasión los que estaban arriba le dejaban en paz, ya que a éstos muchas veces les obligaba a parar la borrachera y el cansancio, se lanzaba entonces con más 24seguridad y con más hombres contra Simón. Como norma, en cualquier punto de la ciudad a donde se dirigiera, prendía luego a las casas llenas de trigo y de todo tipo de provisiones. Por su parte, cuando Juan se retiraba, Simón hacía lo mismo y le atacaba. Parecía como si ellos destruyeran a propósito lo que la ciudad había preparado para hacer frente al asedio de los romanos y cortaran los nervios de su propia 25fuerza. El resultado fue que todos los alrededores del Templo fueron amasados y la ciudad se convirtió en una zona desierta entre los dos bandos que se enfrentaban en una guerra civil. Todo el trigo fue quemado, excepto un poco que 26no les habría sido suficiente para un largo asedio[15]. De este modo cayeron víctimas del hambre, lo que precisamente de ninguna manera hubiera ocurrido, si ellos mismos no lo hubieran dispuesto así.


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