Indias blancas
Indias blancas Laura sintió que su corazón se desgarraba. QuerÃa gritar, aferrarse a él, pero sabÃa que tenÃa razón. Su presencia, por más que quisiera creer lo contrario, solo complicarÃa las cosas para ambos.
—Siempre supe que esto no serÃa fácil —dijo ella, con la voz quebrada—. Pero jamás imaginé cuánto dolerÃa.
Nahueltruz dio un paso hacia ella, colocando una mano firme pero suave en su rostro. —No te rindas. No importa dónde estés, nunca te rindas.
El viento susurraba entre los árboles mientras se miraban, sus mundos aún divididos por barreras que ni el amor podÃa derribar. Laura sabÃa que tenÃa que regresar, no solo para proteger a los que amaba, sino para enfrentarse a su padre y a todo lo que representaba.
De vuelta en la estancia, la tensión entre Laura y su padre alcanzó su punto de quiebre. Él la esperaba en la sala principal, con un semblante oscuro y las manos cruzadas detrás de la espalda.
—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó él, su tono tan frÃo como una hoja de acero.
—Lo que tú no puedes hacer —respondió ella, con una valentÃa que no sabÃa que poseÃa—. Elegir lo correcto.
—No necesito lecciones de moral de una niña que no entiende su lugar en el mundo.