Indias blancas
Indias blancas Laura lo miró fijamente, con una mezcla de desafÃo y tristeza. —Tal vez nunca entendà mi lugar porque tú nunca me dejaste encontrarlo.
La discusión terminó con un silencio cargado, un abismo que ya no podÃa ser cruzado. Laura sabÃa que su lucha no habÃa terminado, pero por primera vez en su vida, sentÃa que estaba en control de su destino.
DÃas después, mientras el sol caÃa sobre la estancia, Laura empaquetó sus pocas pertenencias y se despidió de la casa que habÃa sido su prisión. SabÃa que su camino serÃa difÃcil, pero también sabÃa que no podÃa quedarse en un lugar que no reflejaba quién era.
En el bosque, Nahueltruz observaba desde la distancia. SabÃa que Laura se estaba yendo, y aunque su corazón se resistÃa a dejarla marchar, entendÃa que esa era la única forma de salvarla.
—Algún dÃa —murmuró, sus palabras llevadas por el viento—. Algún dÃa, este mundo será diferente.
Laura nunca dejó de luchar. Ni por ella, ni por la gente que habÃa aprendido a amar. Y aunque sus caminos se separaron, su historia quedó grabada en el corazón de quienes entendieron que, a veces, la resistencia no es solo contra el enemigo, sino contra las cadenas invisibles que nos atan.