Indias blancas
Indias blancas La declaración dejó a Nahueltruz sin palabras por un instante. ¿Escapar? ¿Una mujer como ella? En su mundo, la opresión no era algo que asociara con la clase alta, y menos aún con una joven de apariencia tan frágil. Pero sus ojos, oscuros y llenos de determinación, contaban una historia diferente.
—Deberías regresar a tu casa. Este no es un lugar para ti —respondió él, casi gruñendo, mientras miraba a su alrededor con desconfianza.
Laura sintió una punzada de frustración. No estaba acostumbrada a que alguien le hablara con tal rudeza, pero algo en su tono parecía más protección que desprecio. Sin embargo, no era la primera vez que se encontraba con prejuicios. —¿Es porque soy blanca? ¿Crees que no puedo sobrevivir aquí?
Nahueltruz dio un paso adelante, sus ojos ardiendo como brasas. —No se trata de quién eres, sino de lo que este lugar hará contigo. Aquí, todo lo que crees conocer no importa. Solo sobreviven los que pueden luchar.
El silencio que siguió era pesado, lleno de verdades no dichas. Pero mientras Laura comenzaba a retroceder, comprendió que ese hombre era diferente. No era solo un guerrero, sino alguien con cicatrices invisibles, tan profundas como las que ella misma llevaba en su interior.
