Indias blancas
Indias blancas Por las noches, mientras el fuego crepitaba entre ellos, sus conversaciones se tornaban más personales, casi involuntariamente.
—¿Por qué alguien como tú querrÃa aprender esto? —preguntó Nahueltruz una noche, con la voz teñida de una mezcla de curiosidad y recelo.
Laura levantó la mirada del fuego, sus ojos oscuros reflejando las llamas. —Porque no quiero ser lo que esperan de mÃ. No quiero pasar mi vida encerrada en una jaula, aunque esté hecha de oro.
Nahueltruz no respondió de inmediato. HabÃa algo en esas palabras que resonaba con su propia historia, con las cadenas invisibles que lo habÃan atado a un destino que no habÃa elegido.
—La jaula puede ser diferente, pero sigue siendo una jaula —murmuró al fin, casi para sà mismo.
El tiempo que pasaban juntos no pasó desapercibido para los demás. Entre los hombres de Nahueltruz, empezaron a circular murmullos: ¿qué hacÃa esa mujer entre ellos? ¿Por qué el lÃder permitÃa que una forastera se acercara tanto?
—Ella no pertenece aquÃ, Nahueltruz —dijo Huenu, uno de sus hombres de confianza, en una noche oscura. Su tono no era agresivo, pero habÃa una advertencia implÃcita.
—Eso no es asunto tuyo —respondió Nahueltruz, con la dureza de quien cierra un tema.